Preparándonos para vivir

Fuente: Revista Cosas
Por Marina Bravo Pastrano

Cuando no hay medias tintas, cuando todo es o no es y sin embargo, no se es ni grande ni pequeño; lo biológico, lo emocional y lo social se funden en un sin fin de expresiones que hacen de este periodo, un proceso de especial atención para el núcleo familiar. Es el momento de la consagración de la propia identidad


En los últimos tiempos la humanidad ha comenzado a comprender que la comunicación efectiva entre los seres humanos es de suma importancia. La inteligencia emocional se pone en boga y las relaciones interpersonales claman por el encuentro y crecimiento individual para poder asumir los retos de ser padres.
 
Sin embargo, lo cotidiano puede agotar las herramientas y el cambio que comienzan a experimentar los hijos una vez que cruzan esa línea que los aleja de muñecas y carritos, hacen que la dinámica del niño dulce y comunicativo se convierta en un sistema de silencios que normalmente no sabemos manejar y que ponen a prueba nuestros propias concepciones del mundo y de cómo hacerlo con ellos.

La adolescencia, es el periodo en el que despedimos a nuestro niño o niña para darle paso a ese hombre o mujer que saldrá al mundo a hacer su propio camino. Delicado y crítico, puede ser un momento de gran entrenamiento para el adulto que debe practicar el respeto, la tolerancia, la comprensión y la paciencia como principales recursos para salir airosos de estas situaciones y crecer como padres, como pareja, como familia y finalmente como seres humanos.

Adolescencia y pubertad

El educador, orientador, psicoterapeuta, fundador y director de CECODAP, Dr. Oscar Misle, considera necesario comprender la diferencia entre pubertad y adolescencia. “La pubertad son los cambios biológicos que experimenta el niño y que concluye con el desarrollo físico total, hasta lograr el aspecto de un humano adulto. Mientras que la adolescencia es lo que acompaña a estos cambios desde el punto de vista emocional, todo lo que se refiere a sus nuevos intereses, al giro que tendrá su comportamiento en función de esa nueva visión que tendrá de sí mismo y de la vida”.

Explica el Dr. Misle que por el hecho de que un muchacho ha alcanzado el desarrollo físico completo, un importante incremento de estatura y musculatura en los varones y el crecimiento de mamas y caderas en las hembras, ya son considerados adultos. La adultez no es un estado cronológico: “Yo he tenido en consulta adolescentes de 30 y 40 años”, asegura Misle; puede parecer raro, mas, cuando hablamos de ser adulto nos referimos a un ser humano que logró crear un sistema de actividades y valores que le permite sostenerse y ser responsable de sí mismo, de sus acciones, de sus decisiones desde el punto de vista económico y sobre todo emocional, y es esencial tener esto en cuenta.

¿Cuándo ocurre el cambio?
La etapa de la pubertad ocurre más temprano o más tarde, dependiendo del propio desarrollo de cada niño. Sin embargo, lo cierto es que ese pequeño que contaba cómo le iba en el colegio, que abrazaba y besaba a sus papás sin mayor solicitud, que creaba su mundo dentro de su núcleo familiar, de pronto se torna arisco, silencioso y poco comunicativo dentro de casa.

Estas señales inequívocas del proceso de desarrollo y muchas veces indicios físicos como el crecimiento del vello corporal o los cambios genitales, no son compartidas por los niños con sus padres. Actualmente se ha observado que la edad de inicio de pubertad ha bajado de los 12 ó 13 a los 10 u 11 años, sobre todo en el tema de la sexualidad. Allí es cuando normalmente ha aparecido el término  readolescencia, sin embargo, existe polémica sobre si es válido o no este término. Lo que sí es cierto e indiscutible es que estos cambios llegan, y es necesario estar atentos para inicia al acompañamiento que será necesario durante este tiempo.

Artículo publicado
Revista Cosas de Unicasa
Edición N° 88
Año 2013
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